Los datos más recientes muestran que la economía colombiana crece cerca de su potencial gracias al buen comportamiento del consumo de los hogares.
La confianza del consumidor cerró con balance positivo en junio de este año, por primera vez desde 2022, según datos que dio Fedesarrollo. Foto: Jaiver Nieto. Archivo EL TIEMPO
John Jairo Rodríguez cuenta que después de darle muchas vueltas en la cabeza, por fin se decidió a cambiar la moto que tenía. “El vendedor en Tunja me acabó convenciendo de que estaba haciendo un buen negocio. ¿Y cómo le decía que no?”, relata entre risas este trabajador del campo boyacense, antes de subirse en la máquina que le entregaron hace tres semanas.
Su caso dista de ser el único. Tal como lo reveló días atrás un reporte de la Andi y Fenalco, al cierre del primer semestre se vendieron 490.238 vehículos de dos ruedas en el territorio nacional, una cifra que supera en 32 por ciento los registros del mismo periodo de 2024 y constituye un nuevo máximo histórico.
Comportamientos similares se observan en otros ramos del comercio. Categorías como celulares, computadores y electrodomésticos muestran un auge importante, que también se observa en áreas como productos de aseo personal y para la casa, utensilios o artículos de ferretería.
Según el Dane, entre enero y mayo las variaciones positivas en las ventas reales de los almacenes fueron del 11 por ciento anual y se extendieron a 18 de 19 líneas de mercancías. El único renglón con saldo en rojo es el de bebidas no alcohólicas, algo en lo cual ha influido la cruda temporada invernal que ha venido acompañada de temperaturas más bajas que lo usual.
Tales registros permiten entregar un parte favorable. Para Luis Fernando Mejía, director ejecutivo de Fedesarrollo, “la economía luce bien: un crecimiento cercano al 2,6 por ciento en lo corrido del año; una inflación que ha descendido de forma sostenida y ya está por debajo del 5 por ciento anual; y una tasa de desempleo que continúa descendiendo”.
Otro análisis: Casas en el aire / Análisis de Ricardo Ávila
Además, el experto destaca la mejora “en la confianza del consumidor que cerró con balance positivo en junio, por primera vez desde 2022”, de acuerdo con el análisis mensual que hace la entidad a su cargo. Según el informe aparecido esta semana, tanto las condiciones económicas actuales como las expectativas de las personas mostraron un alza significativa. Además, el apetito a la hora de comprar vivienda y otros bienes durables experimentó un fuerte repunte.
Lo anterior contrasta con lo que transmiten las encuestas respecto a la percepción general del país. Sin excepciones, los diferentes sondeos dejan en claro que los ciudadanos, en proporción de dos o tres a uno, consideran que las cosas en Colombia van por mal camino. No obstante, cuando a los interrogados se les inquiere por su situación individual, las calificaciones cambian de signo y el balance se vuelve favorable.
Viento a favor
Como es usual en estos casos, hay más de una explicación que permite entender el clima actual. “Lo cierto es que desde la demanda interna estamos viendo un dinamismo que viene soportando este crecimiento económico”, comenta Laura Clavijo, directora de Investigaciones Económicas de Bancolombia.
Gracias a esa circunstancia, no solo el comercio va bien, sino la industria muestra números en negro. La aceleración comenzó a finales del año pasado y conserva un ritmo relativamente estable. El viernes el Dane dijo que la tasa de crecimiento anual del Indicador de Seguimiento a la Economía se ubicó en 2,7 por ciento al cierre de mayo, una vez hechos los ajustes por efectos estacionales y de calendario.
Dicho guarismo, si bien se ajusta a las apuestas hechas por los especialistas a comienzos de 2025, resulta sorprendente para algunos. El motivo es que, en el frente político, al igual que en lo que corresponde a orden público, las turbulencias vienen en aumento.
Para comenzar, hay una radicalización de las posturas asumidas por Gustavo Petro, cada vez más crítico con sus contradictores y con los funcionarios del alto Gobierno. Tanto el largo monólogo presidencial del martes durante el consejo de ministros televisado, como su pronunciamiento respecto a la salud, enviaron señales que, quizás en otras circunstancias, habrían ocasionado reacciones en los mercados.
Es factible que la economía mantenga un paso similar en lo que queda de 2025. Foto:iStock
Sin embargo, las amenazas veladas o explícitas salidas de la Casa de Nariño parecen impactar poco el ánimo de la gente al momento de abrir la billetera. Una razón probable es que la temporada electoral se acerca y con ella aumenta la esperanza de cambio, junto con la voluntad de apostarle a un futuro mejor. Luis Fernando Mejía recuerda que hace tres años este elemento jugó a favor de la confianza del consumidor, algo que podría estarse repitiendo ahora.
También están los motivos propios de la coyuntura. Camilo Herrera, cabeza de la firma Raddar, argumenta que hay tres factores que pesan en el comportamiento de los hogares. “Para comenzar, el aumento del salario mínimo real vigente trajo un alza en la capacidad de compra en un escenario de inflación a la baja, a lo cual se suma una importante dinámica en la colocación de crédito de consumo que crece por encima del 34 por ciento anual”.
Añade que “el comportamiento de las remesas que envían los colombianos que viven en el exterior es otro elemento que es indispensable tener en cuenta”. Según el Banco de la República, en los primeros cinco meses de 2025 el ingreso de divisas por este concepto ascendió a 5.324 millones de dólares, 15 por ciento más que en igual periodo del año precedente.
La combinación de tales elementos lleva a que el viento a favor sople todavía. Raddar afirma que en junio el incremento anual del gasto real de los hogares ascendió a 5,3 por ciento, un dato que supera el promedio de los últimos años.
No hay duda de que la chequera estatal ha influido igualmente en lo sucedido. El rubro de la administración pública aparece dentro de las estadísticas del Dane como una de las variables que explica el actual desempeño del producto interno bruto (PIB).
Aún así, no hay que llevarse a engaños. Laura Clavijo enfatiza que “las familias vienen siendo el salvavidas de la economía colombiana”.
Aguantar la cuerda
Bajo ese punto de vista, el desafío para lo que queda del calendario es sostener el ritmo observado. Aunque una expansión inferior al tres por ciento anual en 2025 estaría por debajo del promedio registrado en lo que va del siglo, se ajusta al crecimiento potencial de Colombia.
Puesto de manera coloquial, hay una velocidad máxima a la cual puede andar la máquina productiva del país sin recalentarse y esa es la de ahora. Si bien el registro supera los del pasado reciente, todavía se ubica dentro de la categoría de mediocre cuando se usa el prisma de las últimas décadas.
Aumentar el tamaño del motor requiere un esfuerzo sostenido. Como recuerda Luis Fernando Mejía “hoy la tasa de inversión se sitúa en el equivalente del 16,2 por ciento del PIB, que es la más baja en veinte años y resulta inferior en tres puntos porcentuales a la de antes de la pandemia”.
Aparte de ello está la debacle de la salud, cuyo deterioro continúa, más allá de la suerte que tenga la propuesta gubernamental en el Capitolio. En el sector eléctrico las alarmas están disparadas debido a la intención de cambiar las reglas del juego y la inviabilidad de Air-e, cuya eventual caída amenaza a los demás eslabones de la cadena.
A la lista hay que agregarle el empeoramiento del clima internacional y, en particular, lo que pase en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. El fantasma de sanciones impuestas por Washington asusta más ahora, dado el complejo carácter de Donald Trump y las provocaciones constantes desde Bogotá.
Tampoco se pueden desconocer los interrogantes que enmarcan a las elecciones del próximo año. Estas comienzan con la actitud de un mandatario que pone en duda la credibilidad de la Registraduría y siguen con la intención expresa de asegurarle al Pacto Histórico la mayor votación en los comicios parlamentarios.
A su vez, el hecho de que existan más de 60 precandidatos para las presidenciales de mayo, sin que haya un liderazgo claro de ninguno, lleva a que la ansiedad de muchos sea mayor. Solo si el horizonte se despeja, la parálisis actual que afecta a tantos podría quedar atrás.
Como si lo anterior no fuera suficiente, surge el peor dolor de cabeza estructural que enfrenta la economía colombiana: un enorme desequilibrio fiscal que se asemeja al registrado durante la emergencia causada por la pandemia, junto con una deuda pública que supera incluso la de esa época. Pensar que ese problema se arreglará solo sería más un acto de irresponsabilidad que de ingenuidad, pero buscar soluciones viables de fondo –que hacen obligatorias medidas de austeridad– no está en la agenda del gobierno Petro.
Tal como sucede cuando aparece una enfermedad grave, posponer de manera indefinida el remedio tiende a empeorar la situación del paciente. Solo con la certeza de que el médico es el correcto y el tratamiento resulta el indicado se podrán minimizar los efectos colaterales del mismo.
Por ahora se puede decir que Colombia la ha sacado “barata”, pues el costo del endeudamiento no se ha disparado, como tampoco la tasa de cambio. Debido a circunstancias que responden más al ámbito internacional que al local, el dólar cerró el viernes por debajo de los 4.000 pesos, un nivel que más de uno consideraba impensable tras la más reciente degradación por parte de las firmas que evalúan el riesgo.
El dólar cerró el viernes por debajo de los 4.000 pesos. Foto:Sergio Acero Yate
Luis Fernando Mejía opina que “los mercados y las agencias calificadoras están confiando en que una nueva administración tomará las medidas correctivas necesarias”. Agrega que “de no hacerlo, Colombia se encaminaría hacia un precipicio fiscal, con nefastas consecuencias en inflación, crecimiento y empleo”.
Saber qué tan sensibles pueden ser los consumidores a los peligros inmediatos o a las advertencias de que es obligatorio enmendar la plana en el futuro cercano, resulta imposible. Lo que impera por estos meses es esa aparente contradicción entre una visión negativa en relación con lo colectivo y una positiva sobre la realidad personal y familiar. Si la dicotomía se prolonga –como ha sucedido antes– es factible que la economía mantenga un paso similar en lo que queda de 2025.
Sin embargo, no está de más reiterar que el aceptable desempeño económico en lo que va del año se asienta sobre bases frágiles. De ahí que sacudir la estantería con anuncios o actuaciones que traigan zozobra puede llevar a que los hogares pasen del entusiasmo a la cautela, algo indeseable cuando no existe nada parecido a una estrategia que busque la reactivación de sectores postrados como la construcción.
Así las cosas, todo depende de la resiliencia, el término que la Real Academia define como “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. A lo largo de la vida republicana, los colombianos han dado múltiples pruebas de contar con ese artículo en su ADN. Por el bien de la economía, ojalá dicha actitud continúe hasta que al invierno de ahora lo remplace la llegada de la primavera.
TOMADO DE: eltiempo.com

