El 84 % de los jóvenes presenta signos de síndrome visual por computadora —como visión borrosa o sequedad— tras largas jornadas frente a dispositivos.
Los cambios de plano constantes y los colores intensos, típicos en los ‘shows’ infantiles actuales, saturan de información el cerebro de los niños. Foto: iStock
El cierre del año en Colombia, tradicionalmente asociado al descanso de estudiantes y trabajadores, también coincide con un fenómeno que preocupa a las autoridades sanitarias y a los profesionales de la salud visual: el aumento significativo del uso recreativo de pantallas. Diciembre y enero se consolidan como los meses con mayor exposición digital, impulsados por maratones de series, videojuegos prolongados, redes sociales activas durante todo el día y un uso intensivo del teléfono celular, en un periodo en el que disminuyen las pausas naturales propias de la rutina académica y laboral.
La evidencia reciente confirma la magnitud del problema. Estudios académicos validados por el Ministerio de Salud indican que el 84,4 % de los jóvenes presenta signos del denominado síndrome visual por computadora después de largas jornadas frente a dispositivos electrónicos. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la visión borrosa y la sequedad ocular. A este panorama se suman los reportes de la Secretaría de Salud de Bogotá, que muestran un patrón similar: entre siete y nueve de cada diez usuarios frecuentes manifiestan molestias asociadas a la fatiga visual digital.

Dormir menos intensifica riesgos cardiometabólicos por pantallas. Foto:iStock
Las autoridades sanitarias han advertido, además, sobre el crecimiento de casos de ojo seco, visión borrosa y progresión de la miopía, especialmente en menores de edad, vinculados al uso prolongado de pantallas. Como respuesta, se han publicado guías de autocuidado visual que adquieren mayor relevancia durante las vacaciones, cuando las estimaciones oficiales señalan que el tiempo de exposición digital suele duplicarse.
Con este contexto, la temporada de fin de año se convierte en un escenario propicio para que los problemas visuales se intensifiquen. Natalia Carolina González, docente de Optometría de Areandina Bogotá, advierte que esta situación es una preocupación constante entre optómetras y profesionales de atención primaria. “Muchas personas no reconocen las señales tempranas y buscan ayuda cuando el malestar ya es persistente”, señala.
Los estudios del grupo internacional TFOS y diversas revisiones científicas describen que la fatiga visual digital se manifiesta en dos frentes. El primero es externo e incluye ardor, enrojecimiento, lagrimeo, sensación de arenilla y sequedad ocular. El segundo es interno y se caracteriza por visión borrosa fluctuante, dificultad para reenfocar, dolor frontal y sensación de pesadez en los ojos. En niños y jóvenes, estas molestias suelen aparecer con mayor rapidez, sobre todo durante sesiones prolongadas de videojuegos o consumo continuo de videos cortos.
González explica que muchas de las señales tempranas pasan inadvertidas porque se confunden con el cansancio habitual. Entre ellas están entrecerrar los ojos, acercarse demasiado a la pantalla, aumentar el brillo de forma constante, frotarse los párpados o notar que la visión pierde nitidez al cambiar la mirada de lejos a cerca. “El problema no es la pantalla, sino las horas continuas de exposición sin descansos ni lubricación adecuada por la disminución del parpadeo”, precisa.

Muchos padres usan las pantallas como una niñera, según expertos. Foto:iStock
La evidencia científica muestra que, al fijar la mirada en un dispositivo electrónico, la frecuencia del parpadeo puede disminuir en más del 50 %, lo que acelera la evaporación de la lágrima y favorece la aparición de ojo seco. Por esta razón, una de las recomendaciones más respaldadas es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar un punto ubicado a unos seis metros de distancia durante 20 segundos. Según la experta, aplicada de manera constante, esta pausa reduce la fatiga visual y ayuda a prevenir el ojo seco digital.
La iluminación del entorno también juega un papel determinante. Usar pantallas con un brillo muy superior al de la luz ambiental, o hacerlo en completa oscuridad, incrementa el deslumbramiento y reduce aún más el parpadeo. Mantener un brillo equilibrado y evitar habitaciones totalmente oscuras contribuye a disminuir la astenopía y a estabilizar la película lagrimal. Asimismo, mantener tabletas y computadores a la distancia de un brazo y evitar el uso del celular demasiado cerca del rostro ayuda a reducir la tensión de enfoque.
El uso intensivo de pantallas durante las vacaciones incrementa el riesgo de problemas visuales, en especial en niños y adolescentes. Una revisión publicada en JAMA Network Open en 2025, basada en 45 estudios con más de 335.000 menores, concluyó que cada hora adicional diaria frente a dispositivos electrónicos aumenta en un 21 % la probabilidad de desarrollar miopía, sobre todo cuando este tiempo reemplaza actividades al aire libre.
Para mitigar este riesgo, los expertos recomiendan establecer límites diarios de dos a tres horas de uso de pantallas, distribuidas en bloques cortos, y alternarlos con juegos o actividades en exteriores. La evidencia internacional sugiere al menos una hora diaria al aire libre, ya que la luz natural actúa como un factor protector. “La luz del día ayuda a descomprimir la visión de cerca”, explica González.

La OMS ha declarado que hasta los 2 años no debe haber nada de pantallas (eso incluye la TV). Foto:iStock
En adultos, las recomendaciones se centran en mejorar la postura y la iluminación, evitar el uso de pantallas acostados, mantener una buena luz ambiental, hidratar los ojos y reducir la exposición directa al aire del ventilador o del aire acondicionado. Pequeños ajustes en ergonomía y pausas visuales pueden disminuir gran parte de las molestias típicas de esta época.
Sobre el uso de gafas con filtro azul, la especialista es clara: la evidencia disponible no demuestra beneficios reales para prevenir la fatiga visual ni para mejorar el sueño. La revisión Cochrane de 2023 concluyó que su efecto es mínimo frente a los lentes normales.
Para quienes viajan en esta temporada, un kit básico de cuidado visual puede incluir lágrimas artificiales sin conservantes, paños limpios y, de ser posible, un humidificador portátil o la evitación del aire directo. No obstante, se advierte que las lágrimas no deben usarse en exceso ni como única estrategia, especialmente si contienen conservantes, ya que pueden generar mayor irritación.
En palabras de González, el mensaje central es claro: “Cuidar los ojos en vacaciones no significa prohibir las pantallas, sino aprender a usarlas con equilibrio”.
TOMADO DE: eltiempo.com

